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OTRO EJEMPLO DE DESACIERTO EN EL PRUG DE LOS PICOS DE EUROPA: LOS CAUCES DE LOS RÍOS DOBRA, PELABARDA y GUSTEGUERRA

FRANCISCO BALLESTEROS VILLAR - LA NUEVA ESPAñA Martes, 12 de Febrero del 2019

Gracias a la deferencia de Francisco Ballesteros, a continuación se reproduce el texto íntegro del artículo publicado el martes 12 de febrero en La Nueva España. En el mismo, el autor pone de manifiesto la injustificación de las prohibiciones en los cauces de los ríos Dobra,Pelabarda y Gusteguerra.

Foto nº. 1. El río Gusteguerra desde Los Cabritales
Foto nº. 1. El río Gusteguerra desde Los Cabritales

En el río Pelabarda
En el río Pelabarda

Las Piedras del Rincón de Macuera del río Dobra
Las Piedras del Rincón de Macuera del río Dobra

Hace unas fechas, LA NUEVA ESPAÑA publicó la referencia al informe o estudio que un equipo de científicos, compuesto por reconocidos y acreditados especialistas en geología y biología, realizó sobre  las injustificadas prohibiciones que contiene el borrador del Plan Rector de los Picos de Europa. Este estudio está muy documentado, como no podía ser de otra manera dada la calidad y el rigor de sus autores, y es demoledor en su documentada crítica. Invito a todos los interesados, de una u otra manera, en los Picos de Europa que lean con detenimiento dicho estudio y felicito públicamente a sus autores por su decisión de realizar este necesario e importante informe.

            Como resumen del mismo, resalto que, al estudiar las fundamentaciones expuestas por los redactores del PRUG, exponen que éste pretende proteger plantas y hábitats que hay en los Pirineos, pero de cuya existencia no hay constancia en los Picos de Europa. Es evidente que los rectores del Parque han hecho un notable esfuerzo de “copia” y “pega”. Esta es la razón por la que los científicos  solicitan de los responsables del Parque que expliquen dónde han hallado esas plantas y esos hábitats, los cuales, desde luego, no están en los lugares que se pretenden reservar y proteger. A la misma conclusión llega el informe en lo que se refiere a los aspectos geológicos, de manera que no encuentran justificación alguna al límite de los 1.800 metros que pretende imponer el Parque, realizando además unas consideraciones científicas sobre la protección de los heleros residuales de la Pequeña Edad del Hielo que no concuerdan en absoluto con las que mantiene el borrador del PRUG.

            Decía más arriba que el informe es demoledor, pero lejos de sonrojarse por el varapalo recibido y de agradecer con humildad la lección, determinadas autoridades del Principado han entendido conveniente salir a la luz pública y han manifestado a LA NUEVA ESPAÑA que esas críticas son “inoportunas”, “precipitadas” e “imprudentes”. ¿No hubiera sido mejor que nos concretaran los “errores científicos” en que, a su juicio, incurren esas críticas? ¿No hubiera sido preferible que detallaran con todo rigor los aspectos y hechos que justifican la inclusión de esas limitaciones en el PRUG frente a lo sostenido por los mencionados especialistas para poder dilucidar quienes son los errados? Nada de esto han hecho, solo han protestado. Es la reacción defensiva típica de quien ha sido pillado en la trampa. En el mundo universitario y científico estamos acostumbrados a que en los debates se usen argumentaciones objetivas y no acusaciones subjetivas, más propias, desgraciadamente, de la cotidianeidad del mundo político del más bajo nivel, en el que, al parecer, se mantienen esas autoridades, sin darse cuenta de que esa ausencia de respuesta científica se les vuelve en contra, pues demuestra una vez más que carecen de argumentos y que desconocen la realidad de los Picos de Europa, opinión que expuse en mi primer artículo, cuando me seguí definiendo como “montañero furtivo”, y en la que me ratifico a la vista de lo manifestado ahora por dichas autoridades del Principado.

            El equipo científico hizo en su informe unas detalladas consideraciones sobre las equivocaciones o errores del PRUG al estudiar los ámbitos, que pretenden prohibir, del glaciar del Jou Negro, del helero de Tras Llambrión, del helero de La Forcadona y del Valle del río Duje. Yo me voy a permitir ofrecer otro ejemplo de prohibición injustificada, y es el que se refiere al cauce de los ríos Dobra, Pelabarda y Gusteguerra. En su conjunto, la pretendida prohibición se justifica en la necesaria defensa de una determinada vegetación. A la vista de lo que han manifestado los biólogos del informe, dudo mucho de que sea cierta la existencia de esa clase de vegetación en las riberas de dichos ríos, pero desde luego aseguro que no existe en sus cauces. Veámoslo:

            1º.- El río Junjumia cambia de nombre al llegar al ámbito de la preciosa y escondida majada Gusteguerra. A partir de ese lugar el río se ahonda y pasa a convertirse en un torrente que salva grandes desniveles rocosos y que solo puede recorrerse mediante las técnicas del barranquismo extremo, razón por la que ningún montañero se arriesga a andar por tales anfractuosidades. Los caminos históricos se sitúan a mucha mayor altura, bien el que comunica Cueva Rubia con Gusteguerra a través del Salto del Carnero (ladera derecha en sentido hidrológico), bien el que recorre el Monte Rubieto por Las Sendas en busca del Sedo El Acebo o del Sedo Molledo que permiten pasar al Monte Berezoso (ladera izquierda). No van, por consiguiente, por el cauce del río, que repito es intransitable. Entonces, ¿qué necesidad hay de prohibir el paso? Ya se ha encargado la Naturaleza de prohibirlo. Incluir la prohibición en el PRUG no demuestra otra cosa que la ignorancia de sus redactores y de las autoridades que lo aprueban de las características de esa zona. Como me supongo que esto es un diálogo de sordos porque los responsables de la Consejería y del Parque desconocen de qué sitios estoy hablando, aporto la foto nº. 1 en la que se pueden apreciar uno de los saltos (uno de los menos importantes) del río Gusteguerra en el rincón de Cueva Rubia y Cueva La Robla.

            2º.- El río Pelabarda se puede recorrer. Para ello hay que atravesar el Puente de su nombre, atravesar un pedrero y después descender hasta el río que ya se ha profundizado. A partir de este sitio el trayecto ha de hacerse salvando los peñones como se pueda y saltando de uno a otro, razón por la que este recorrido solo puede hacerse en los momento de escaso caudal del río. Como el paso se hace de piedra en piedra no hay la más mínima vegetación en su trayecto. ¿Lo saben esas autoridades que se permiten tildar de inoportunas estas críticas? ¿Qué vegetación hay que proteger entre estas rocas? Igualmente ofrezco la foto nº. 2 en la que se me ve salvando los peñones con el río al lado. ¿Dónde está la vegetación?

             3º.- Y en tercer lugar, el río Dobra también se puede recorrer por su fondo, ya que los antiguos caminos ganaderos se han perdido y el avance por las laderas con vegetación aunque puede hacerse (y de hecho lo hice en varias ocasiones y espero hacerlo alguna otra vez) es verdaderamente peligroso. Hay que caminar, pues, por el cauce del río, ocupado también por las piedras y las rocas y en el que no hay vegetación. Ilustro el comentario con la foto nº. 3 en la que se ve que, también con el requisito de poco caudal, hay que caminar por las rocas del cauce, sin vegetación alguna.

            ¿Tendrán en cuenta los responsables del Parque estas evidencias? Mucho me temo que no. Preferirán continuar con la barbaridad del proyecto del PRUG y seguir argumentando, insistiendo en los errores, que es en el momento en que se ponga a información pública el proyecto cuando hay que hacer estas alegaciones. ¿Acaso no es más conveniente agradecer las aportaciones y críticas objetivas y científicas que se están haciendo, tenerlas en cuenta, modificar ahora el borrador del PRUG y presentar en su momento un proyecto mucho mejor elaborado y sin tantos defectos injustificados que solo ponen de relieve, repito una vez más, el desconocimiento del terreno que pretenden reglamentar?

            Finalmente, expongo otra consideración. Si fuera cierto que existe esa flora a la que se alude

en el proyecto del PRUG (cosa que dudamos a tenor de lo dicho por los científicos), eso quiere decir que no ha sufrido daño alguno durante la presencia de pastores y ganado (cabras y ovejas) durante siglos. ¿Se quiere preservar ahora que no existe presencia de humanos y de animales? Voy a contar una anécdota. En una de mis excursiones, me dejé olvidada una gorra en la Cueva del Agua, cerca de Cabrerizas, en el río Dobra. Después de un año volví y allí estaba la gorra en el mismo sitio en que yo la había dejado. No había pasado NADIE durante todo ese tiempo. ¿Cuál es, pues, la justificación de la reserva y de la prohibición?

            Ya veremos cuál es su postura, que temo que sea la de “sostenerla y no enmendarla”. Yo me permito rogar que dejen las cosas como están; o, mejor aún, en vez de imponer prohibiciones, recupere el Parque los viejos y tradicionales senderos que por allí discurrían, con el fin de conservar el acervo cultural e histórico de Amieva y Cangas de Onís.

 

            Francisco Ballesteros Villar.